¿Podré dar el pecho a mi bebé?

mujer asiática dando el pecho

Es posible que futuras mamás se hagan esta pregunta. Dudamos de la cantidad, de la calidad, del tamaño de nuestros pechos y pezones, de las historias familiares heredadas, … En líneas generales, una mujer sana está físicamente preparada para producir leche para su bebé. No obstante, sobretodo en nuestra sociedad actual, existen desafíos que complican este momento. Este artículo busca arrojar luz sobre estos temas, proporcionándote mayor compresión del funcionamiento de la lactancia materna y que así te sientas más segura para dar el pecho a tu bebé si así lo deseas.

mujer asiática dando el pecho

Primero de todo, entendamos cómo es la anatomía del pecho

El pecho se compone en su interior mayormente por glándulas mamarias y tejido graso, y es en estas glándulas donde se produce la leche. Después del parto las hormonas derivadas, especialmente la prolactina, estimulan las glándulas mamarias, generando su contracción y facilitando la expulsión de la leche hacia el exterior.

Exteriormente, encontramos la areola, que es esa zona con color normalmente centrada en el pecho que permite al recién nacido encontrarlo más fácilmente de un primer vistazo al nacer. En ella hay pequeños bultitos que se llaman glándulas de Montgomery, que son las encargadas de lubricar la zona, protegerla frente a bacterias y son también un estímulo para el recién nacido, en este caso gracias al olor y al sabor. Y, aproximadamente en el centro, tenemos el pezón, compuesto por tejido muscular elástico y unos conductos que conectan las glándulas mamarias de las que hablamos anteriormente con los diminutos orificios externos al pezón para la salida de la leche.

Viendo lo anterior, ¿el tamaño de mi pecho y mi pezón influye?

Si hablamos de pechos sanos, todo este sistema en su anatomía está perfectamente diseñado para ofrecer leche al bebé, independientemente del tamaño o la forma, ya que la producción de leche depende de su funcionamiento interno más allá de la apariencia externa. La aureola, las glándulas de Montgomery y el pezón sirven principalmente como referencias visuales, olfativas y táctiles para guiar a los bebés hacia el pecho, y el tamaño de éste depende en mayor parte de su tejido graso, independiente también de las glándulas mamarias de su interior.

Aunque la estructura física externa no obstaculiza la producción de leche, sí que podemos encontrar que según qué tamaños o formas dificulten en mayor o menor medida el agarre del bebé. En estos casos, es recomendable acudir a profesionales o grupos de apoyo a la lactancia, que pueden brindar orientación personalizada para mejorar la lactancia en cada situación.

Por otro lado, evita productos y técnicas destinados a “preparar el pezón” durante el embarazo, ya que pueden generar malestar físico al poder hacerte lesiones y psicológico si no se consiguen los resultados prometidos. Además, como hemos dicho, las glándulas de Montgomery son las responsables de proteger la zona con las sustancias que segregan, cualquier intervención podría causar más perjuicio que beneficio en ella.

anatomía pecho mujer lactancia

Qué ocurre con todo este sistema durante el embarazo

En las primeras semanas de embarazo, los alvéolos en el interior del pecho comienzan a desarrollarse, creando el espacio donde se acumulará la leche, por lo que empezarás a notar un aumento de tamaño del pecho. Simultáneamente, aumenta el flujo sanguíneo, haciendo que las venas sean más evidentes a través de la piel. Estos cambios fisiológicos indican la preparación del cuerpo para alimentar al futuro bebé.

Hacia la mitad del embarazo, los alvéolos adquieren la capacidad de producir leche, aunque en cantidades limitadas debido a la baja presencia de prolactina, influenciada por las hormonas principales del embarazo: progesterona y estrógenos. Es tras la expulsión de la placenta, cuando esta se separa del útero, que se experimenta un aumento significativo de prolactina, que activa el sistema de producción de leche. Ten en cuenta que inicialmente será en forma de calostro, como podéis leer en este artículo.

mujer embarazada sentada tocándose la barriga

Entonces, ¿por qué conocemos tantos casos de lactancias maternas fallidas?

Al síndrome por el que hay falta real de leche materna se le llama hipogalactia, y es algo poco común, afectando a menos del 5% de las mujeres, y generalmente vinculado a problemas médicos subyacentes. La mayoría de las lactancias fallidas se deben a otros inconvenientes, a menudo derivados de una falta de asesoramiento adecuado. Problemas como mala postura, agarre incorrecto, frenillo corto o el uso de técnicas con horarios rígidos y otros consejos obsoletos pueden ser los causantes. Corregir estos factores y brindar apoyo adecuado puede marcar la diferencia en el éxito de la lactancia materna.

Por otro lado, como dice Michel Odent, “para amamantar a un bebé durante varios años, una mujer moderna tiene que tener una capacidad poco común de resistencia a las presiones sociales, incluidas las intrafamiliares”. Esto significa que, en muchos casos, el fracaso de la lactancia materna no se debe a problemas físicos, sino a un problema social. Las expectativas culturales y familiares pueden ejercer presión sobre las madres, dificultando la prolongación de la lactancia. La importancia de reconocer y abordar estos aspectos es esencial para apoyar la elección de la lactancia materna a largo plazo.

Venimos de un contexto donde la desinformación y los intereses económicos han prevalecido, y la mayoría de las mujeres no hemos visto amamantar de forma normalizada, así que no somos conscientes de cómo funciona ésta o qué problemas nos podemos encontrar. Las generaciones anteriores no han transmitido conocimiento sobre la lactancia, ya que muchas mujeres dieron el pecho muy brevemente. Esto afecta la conciencia y la preparación de las nuevas madres.

Casos que dificultan la lactancia materna

Cómo hemos comentado, la mayoría de mujeres podrán dar el pecho a sus bebés de forma natural, pero hay ciertos casos en los que el inicio de la lactancia materna puede ser más complejo de lo habitual.

La falta de exposición a la lactancia puede llevar a técnicas incorrectas en la posición o el agarre del bebé. Y más adelante hablaremos de la producción de leche, pero a grandes rasgos ésta depende de la demanda, por lo que una administración de suplementos de forma prolongada o el seguimiento de unos horarios rígidos puede hacer que el pecho interprete esto como una disminución de demanda, reduciendo la producción. Acceder a información previa o buscar la ayuda de profesionales actualizados es esencial para abordar estos desafíos de manera temprana y efectiva.

Por otro lado, hay casos en los que estas dificultades tienen su origen en una enfermedad u otros problemas médicos, y son más complejos de solucionar.

  • En el caso de cirugías de aumento o reducción de pecho, la forma en que se haya llevado a cabo el procedimiento puede tener implicaciones en la estructura interna del pecho y, consecuentemente, influir en la producción de leche.
  • Las condiciones como el hipotiroidismo, hipertiroidismo o el síndrome de ovario poliquístico (SOP) pueden generar alteraciones hormonales que impactan en la producción de leche si no se tratan adecuadamente. Sin embargo, existen medicamentos específicos para estas condiciones que son seguros durante el embarazo y la lactancia, siempre bajo la supervisión de profesionales médicos.
  • Si durante la pubertad no ha habido un correcto desarrollo de la glándula mamaria, podemos estar ante una hipoplasia mamaria, que deriva en no tener suficiente tejido mamario para la producción de leche. Esta condición se caracteriza por una apariencia mamaria subdesarrollada y puede ser identificada visualmente durante el embarazo.
  • Si durante el embarazo, parto o posparto inmediato se ha producido una hemorragia severa puede derivar en Síndrome de Sheehan. En estos casos, si el riego sanguíneo no ha llegado de forma correcta a la glándula pituitaria, puede causar daños o necrosis de la misma y derivar en baja o nula producción de leche ya que esta glándula es la encargada de recibir y procesar las señales hormonales
  • La expulsión de la placenta marca el aumento en la producción para que se de la subida de la leche tras el calostro inicial. Sin embargo, si quedan restos placentarios en el útero, esto puede interferir en el proceso con la inhibición de las señales hormonales necesarias.

Qué otros problemas podemos encontrar durante la lactancia materna

Hemos visto que el inicio de la lactancia materna puede ser exitoso en la mayoría de los casos con la información y apoyo necesarios que nos hagan comprobar que tenemos buena postura, buen agarre, una detección de un frenillo corto en el bebé, que no seguimos horarios rígidos y damos el pecho a demanda o que no tenemos un problema médico de base que sume dificultades. Sin embargo, a lo largo de la lactancia surgen “crisis” comunes relacionadas con las necesidades del bebé y los cambios en la producción de leche. Conocer anticipadamente estos momentos permite a las madres afrontarlos con mayor preparación, como podéis ver en este artículo.

Observar a nuestros bebés es también clave para confiar en nosotras mismas y en nuestros cuerpos. Si crece adecuadamente, hace sus necesidades de forma regular, se calma después de mamar, está activo, va alcanzando sus hitos de desarrollo, el pecho se vacía después de las tomas, … En principio debe estar funcionando todo correctamente. Ten en cuenta también que el pecho no es solo nutritivo, cómo vemos en este artículo sobre la lactancia a demanda, es también afectivo y proporciona a nuestros peques tranquilidad, estabilidad y calma.

Además, a pesar de dar el pecho correctamente, pueden surgir problemáticas como obstrucciones o mastitis durante el tiempo que dura nuestra lactancia, hablaremos de ello en siguientes artículos. De nuevo, contar con la ayuda de buenas profesionales en lactancia nos ayudará a encontrar soluciones y continuar si así lo deseamos.

mujer dando el pecho tumbada

Ante todo, fuera culpa

El inicio de la lactancia materna puede ser desafiante debido a las expectativas sociales y la falta de información. La práctica y la paciencia son esenciales durante este proceso, que a veces puede sobrepasarnos. Antes del parto, si tienes dudas, puedes buscar el apoyo de comadronas, asesoras de lactancia o grupos especializados para fortalecer tu confianza. Y, por supuesto, si después de dar a luz tienes cualquier malestar o notas que algo no va bien, acude a ellas también. Nuestro entorno también tiene que ver esa seguridad en nosotras, ya que la mayoría de nuestras madres y abuelas no han dado el pecho porque “no tenían suficiente leche” (ya hemos visto que seguramente se trataba de una falta de información por parte de los profesionales que las atendían). Con estas experiencias de nuestras predecesoras, es fácil no ir muy optimistas ante la lactancia y esperar las mismas situaciones en nosotras.

Así que si finalmente no puedes o decides no seguir con lactancia materna, no hay razón para sentirse culpable. La maternidad va más allá del tipo de lactancia y el vínculo creado durante el embarazo perdura independientemente de la decisión tomada, desde la calma de que todo está bien y siempre decidirás lo que consideres mejor para ti y para tu bebé. La lactancia es un aspecto íntimo y personal, y cada elección merece respeto y apoyo.

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