Sueño del bebé de 12 a 24 meses: cambios y consejos

sueño del bebé de un año

Entre los 12 y los 24 meses van a suceder muchísimas cosas con nuestros peques: empiezan a caminar, amplían su alimentación, aprenden nuevas palabras, ganan autonomía y comienzan a expresar cada vez mejor lo que quieren y necesitan. Y, como siempre, todos estos cambios también pueden reflejarse en las noches.

El sueño del bebé de 12 a 24 meses sigue evolucionando. Puede que empiece a dormir durante periodos más largos, que sus siestas cambien o que aparezcan nuevas dificultades a la hora de acostarse. Y también puede que, justo cuando pensábamos que las noches empezaban a mejorar, vuelva a despertarse más de lo habitual.

Aunque nos gustaría que el sueño siguiera una línea ascendente, con cada vez menos despertares y noches más tranquilas, la realidad suele ser bastante menos predecible. Vamos a ver qué podemos esperar durante esta etapa y cómo acompañar a nuestros peques sin perder de vista algo importante: cada niño tiene su propio ritmo y no existe una única manera de dormir bien.

sueño del bebé de un año

Cómo evoluciona el sueño del bebé de 12 a 24 meses

Durante el segundo año de vida, el sueño suele ir adquiriendo patrones más estables. Muchos peques empiezan a enlazar periodos más largos de sueño nocturno y algunos consiguen volver a dormirse después de un despertar con menos ayuda que antes. Pero esto no significa que todos vayan a dormir del tirón. Los despertares nocturnos siguen siendo habituales a estas edades. Puede que tu peque se despierte para buscarte, necesite contacto para volver a dormirse o reclame el pecho si toma lactancia materna. También puede que algunas noches duerma mucho mejor que otras sin que encuentres una explicación clara. Todo ello puede formar parte de la evolución del sueño infantil.

Además, entre el año y los dos años ocurren muchísimas cosas durante el día. Aprender a caminar, explorar el entorno, comprender nuevas palabras, empezar a expresarse y descubrir que pueden hacer cada vez más cosas por sí mismos son cambios enormes. Y no siempre resulta fácil desconectar de tantas experiencias cuando llega la hora de dormir.

A esto se suma que la necesidad de cercanía puede hacerse especialmente evidente en determinados momentos. Nuestro peque empieza a comprender mejor que podemos alejarnos, busca nuestra presencia y quizá protesta cuando nos marchamos de la habitación o cuando llega el momento de separarnos para dormir. En algunas familias también aparecen más resistencias a la hora de acostarse, despertares acompañados de llanto o periodos en los que parece necesitar mucha más ayuda que unas semanas atrás.

No significa necesariamente que haya dejado de saber dormir ni que hayamos hecho algo mal. El desarrollo no es lineal, y el descanso tampoco.

¿Cuánto duerme un bebé de un año?

Como orientación general, las recomendaciones de sueño para niños de entre uno y dos años suelen situarse alrededor de 11 a 14 horas en total durante las 24 horas, incluyendo las siestas. Pero esto es una referencia, no un objetivo que tengamos que conseguir a toda costa. Hay peques que necesitan dormir algo más y otros que necesitan algo menos.

También hay diferencias en la manera de repartir esas horas entre la noche y el día. Más que fijarnos únicamente en el reloj, podemos observar cómo está nuestro peque durante el día, si suele encontrarse descansado y cómo evoluciona su descanso en conjunto. No necesitamos que encaje perfectamente en una tabla para saber que estamos acompañando su sueño.

sueño infantil de 12 a 24 meses

Las siestas y los nuevos ritmos de descanso

Uno de los cambios más habituales durante esta etapa es la transición hacia una sola siesta al día. Algunos bebés empiezan a hacer este cambio cerca de los 12 meses, mientras que otros mantienen dos siestas durante bastantes meses más. No hay una fecha exacta en la que deban dejar de dormir por la mañana. Puede que empieces a notar que le cuesta conciliar una de las siestas, que duerme menos durante el día o que llega a la noche con un ritmo diferente al de hace unas semanas. Estas señales pueden indicar que sus necesidades están cambiando, aunque también pueden ser algo temporal.

Por eso, antes de eliminar una siesta definitivamente, conviene observar qué ocurre durante varios días. ¿La rechaza de manera habitual? ¿Llega demasiado cansado a la tarde? ¿Le cuesta dormirse por la noche cuando ha dormido mucho durante el día? Mirar el conjunto nos ayuda más que intentar seguir un horario rígido.

Durante la transición a una siesta, puede haber días en los que todavía necesite dormir dos veces y otros en los que aguante bien con una sola. También puede necesitar acostarse antes algunos días porque ha llegado al final de la tarde más cansado. Podemos adaptar los horarios a sus señales y a la organización familiar, sin intentar que todos los días sean exactamente iguales.

Y, por supuesto, mantener una rutina tranquila antes de dormir puede ayudarle a anticipar lo que viene después. Un cuento, una canción, un rato de mimos o bajar el ritmo de la casa son algunas posibilidades. No hace falta crear una rutina complicada: lo importante es que tenga sentido para vosotros y que podáis mantenerla con cierta continuidad.

Cómo acompañar el sueño infantil durante esta etapa

Quizá una de las cosas más desconcertantes de estos meses sea que, cuando parece que nuestro peque empieza a necesitar menos ayuda para dormirse, vuelve a reclamarnos con más intensidad. Y aquí es donde conviene recordar algo: la autonomía no aparece porque dejemos de acompañar, sino que se desarrolla a su propio ritmo. Aunque pueda parecer contradictorio, estar disponibles cuando nos necesitan puede ayudarles a sentirse seguros en un momento en el que están descubriendo tantas cosas nuevas.

Acompañarles a dormir no significa necesariamente tener que hacer siempre lo mismo. Para algunas familias será dar el pecho; para otras, abrazar, acariciar, cantar o quedarse junto a la cama hasta que el peque se duerma. Cada familia encontrará la forma que mejor encaje con sus necesidades y circunstancias.

Tampoco significa que tengamos que renunciar a nuestro propio descanso. Si las noches están siendo muy difíciles, podemos revisar cómo nos organizamos, repartir los despertares cuando sea posible, pedir ayuda o buscar una manera de dormir que resulte sostenible para toda la familia. No hay una única solución válida para todas las casas. Lo importante es que las decisiones no nazcan de la presión de conseguir que duerma solo cuanto antes, sino de encontrar una forma de acompañar esta etapa que cuide tanto de sus necesidades como de las nuestras.

sueño del bebé de 12 a 24 meses

Si quieres revisar cómo ha ido evolucionando el descanso hasta aquí, puedes volver a nuestros artículos sobre el sueño de los bebés de 0 a 3 meses, el sueño entre los 4 y los 7 meses y el sueño de los bebés de 8 a 12 meses. Porque, aunque a veces nos parezca que llevamos mucho tiempo esperando dormir mejor, nuestros peques siguen creciendo y sus necesidades van cambiando.

El sueño del bebé de 12 a 24 meses puede traer noches más tranquilas, nuevos despertares y cambios inesperados. No todos los niños vivirán esta etapa de la misma manera, y tampoco todas las familias necesitarán lo mismo para atravesarla. Podemos observar, adaptarnos y acompañar sin exigirnos que cada noche sea mejor que la anterior. Y recordar que descansar no es una competición ni un aprendizaje que tenga que completarse antes de cumplir cierta edad. Es un proceso que sigue evolucionando, y podemos recorrerlo juntos.

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