
Uno de los momentos más desconcertantes para muchas familias primerizas ocurre cuando intentan dejar a su bebé en la cuna y, al instante o a los pocos minutos, comienzan los llantos inconsolables. Sin embargo, al volver a cogerle en brazos, se calma de inmediato. Cuando intentamos de nuevo acostarlo, vuelve a llorar… y así una y otra vez.
Si te ha pasado esto, no estás sola. Esta situación es tan común que incluso ha recibido un nombre en el mundo de la maternidad y crianza: el “síndrome de la cuna con pinchos”. ¿Pero qué significa realmente? ¿Es normal que los bebés reaccionen así? ¿Y qué podemos hacer al respecto? Con este artículo no conseguiremos que tu bebé duerma solo en su cuna, pero sí arrojar un poco de luz a lo que está sucediendo.
¿Qué es el “Síndrome de la cuna con pinchos”?
El “síndrome de la cuna con pinchos” es una forma de describir, con un poco de humor, la reacción de la mayoría de bebés al ser dejados en la cuna. Parece como si la cuna estuviera llena de pinchos invisibles que hacen que el bebé llore en cuanto lo acostamos. Que sea algo que sucede en prácticamente todos los bebés ya nos está dando pistas de que debe ser por algo común, y sí, este fenómeno tiene una explicación completamente lógica y natural.
Los bebés, especialmente en sus primeros meses de vida, no están diseñados para dormir solos ni para separarse de sus cuidadores. Han pasado nueve meses en el vientre materno, donde han estado constantemente en un ambiente cálido, escuchando los latidos del corazón de mamá, nutriéndose sin esfuerzo, meciéndose con sus movimientos y sintiéndose protegidos en todo momento. Cuando nacen, este mundo exterior es un lugar completamente nuevo y desconocido, con sonidos, olores, texturas y sensaciones que pueden resultar abrumadoras. Por eso, el único lugar donde se sienten realmente seguros es en nuestros brazos.
¿Es normal que mi bebé solo quiera brazos?
Llorar es de las pocas formas de comunicarse que tienen nuestros bebés, sobretodo al principio. Desde una perspectiva evolutiva, el llanto del bebé tiene una función fundamental: garantizar su supervivencia. Hace miles de años, un bebé que se quedaba solo podía estar en peligro de ser atacado por depredadores o de sufrir frío y hambre sin que nadie lo notara. Aunque hoy en día vivimos en un mundo mucho más seguro, los bebés nacen con el mismo instinto de supervivencia que les hace reclamar la cercanía de sus cuidadores en todo momento, de ahí el “Síndrome de la cuna con pinchos”.
El bebé no sabe que está en una casa protegida, que estamos en la habitación de al lado y que acudiremos si nos necesita. En su pequeño mundo, solo hay una realidad: si no siente nuestro calor, si no escucha nuestra voz, si no percibe nuestra presencia, se siente en peligro. Nacemos muy inmaduros necesitando de los cuidados de los demás para sobrevivir, y el llanto es nuestra única alarma para pedir esos cuidados que son totalmente imprescindibles.
Por tanto sí, el “Síndrome de la cuna con pinchos” es completamente normal y esperado, es puro instinto de supervivencia. Durante los primeros meses de vida, los bebés necesitan contacto constante. Esta necesidad no es un capricho ni un intento de manipulación (como a veces erróneamente se cree), sino una respuesta biológica y emocional necesaria para su desarrollo. Un contacto constante le ofrece una base de confianza que le ayudará en su futura independencia, reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés), mejora el desarrollo neurológico y facilita el sueño. Entonces, ¿qué podemos hacer para sobrellevar esta etapa sin agotarnos en el intento?
Cómo manejar el “Síndrome de la cuna con pinchos”
Ahora ya sabemos que el “Síndrome de la cuna con pinchos” es solamente una necesidad de los bebés de contacto, pero la realidad es que las familias cada vez son más reducidas (en cuanto a red que sostenga todo lo que deriva de tener un bebé) y también necesitan descansar, ocuparse de la casa, trabajar o simplemente tener un momento de tranquilidad. Estar prácticamente 24h con una personita encima es agotador. Entonces, ¿cómo encontrar un equilibrio? Aquí te dejamos algunas estrategias que pueden ayudarte:
Practicar el porteo
Como vimos en este artículo, el porteo es una excelente opción para mantener a tu bebé cerca mientras sigues con tus actividades diarias. Un buen portabebés ergonómico permite que el bebé esté pegado a ti, sintiendo tu calor y escuchando tu corazón, mientras tú tienes las manos libres (y te puedes levantar del sofá) para hacer otras tareas. Además, el movimiento natural que se produce al caminar o moverte con el bebé en el portabebés le ayuda a relajarse y dormir mejor.
Colecho seguro
El colecho (dormir cerca del bebé) es una opción que muchas familias encuentran útil para reducir el estrés nocturno. Puedes optar por una cuna de colecho (que se acopla a tu cama) o practicar colecho seguro en la misma cama siguiendo las recomendaciones adecuadas para evitar riesgos. El colecho facilita la lactancia nocturna y ayuda a que el bebé se sienta acompañado sin necesidad de despertarse llorando.
Responder a sus necesidades con amor
A veces, la frustración o el cansancio pueden hacernos dudar: “¿Estaré malcriando a mi bebé si le cojo en brazos cada vez que llora?”. La respuesta es un rotundo no. Los bebés no se malacostumbran al amor, al contrario, un bebé que recibe el contacto y la seguridad que necesita crecerá siendo un niño más confiado e independiente en el futuro.
Aceptar y vivir el presente
A veces, en nuestra rutina diaria, intentamos abarcar demasiado: la casa, el trabajo, las responsabilidades familiares,… Pero cuando un bebé llega a nuestra vida, es importante aprender a priorizar. No todo es igual de importante en este momento, y diferenciar lo importante de lo urgente puede ayudarnos a soltar la presión y centrarnos en lo que realmente necesita nuestra atención: el bienestar de nuestro bebé y el nuestro propio. Aceptar que la casa no siempre estará impecable, que quizás no podamos atender todo como antes y que está bien pedir ayuda es fundamental para atravesar esta etapa sin tanto estrés.
El “Síndrome de la cuna con pinchos” no es un problema que necesite solución, sino una señal de que nuestro bebé nos necesita. No se trata de “malacostumbrarle”, sino de responder a su necesidad natural de contacto y seguridad. A medida que crezca, aprenderá a dormir solo, a jugar sin necesitar estar en brazos y a descubrir el mundo con más confianza. Mientras tanto, podemos abrazarle, mecerle y disfrutar de esta etapa que, aunque agotadora, pasa más rápido de lo que creemos. Porque al final, nadie puede malacostumbrarse a tener unos brazos que le sostengan con amor.
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