Durante años se ha repetido la idea de que no se debe comer y beber durante el parto, como si se tratara de una intervención médica mayor. Muchas mujeres llegan al hospital convencidas de que deben pasar horas —a veces más de un día— sin ingerir nada más que pequeños sorbos de agua. Pero hoy sabemos que el parto es un proceso fisiológico, y como tal, el cuerpo necesita energía y líquidos para poder sostenerlo. En este artículo quiero contarte de forma clara y basada en evidencia por qué comer y beber durante el parto es beneficioso, qué opciones son más adecuadas y cómo escuchar tu cuerpo para darte lo que necesitas.
La hidratación: tu mejor aliada durante el parto
Tu cuerpo está trabajando intensamente: las contracciones son un esfuerzo muscular potente y continuo. El útero es un músculo y, como tal, necesita agua para funcionar correctamente. Igual que cuando corres una maratón, necesitas mantenerte hidratada. La deshidratación hace que las contracciones puedan ser más dolorosas e ineficaces.
Especialmente si estás en un ambiente con aire acondicionado, algo muy frecuente en hospitales, la pérdida de líquidos por el ambiente es todavía mayor. No esperes a sentir sed: la sed es una señal tardía de deshidratación. Ten siempre una botella a mano, con pajita para no tener que levantarte o cambiar de postura cada vez que quieras beber.
También puedes alternar con:
- Agua de coco (rica en electrolitos naturales)
- Infusiones suaves (aptas para el embarazo)
- Caldos calientes (muy reconfortantes en fases más avanzadas)
¿Comer durante el parto? Sí, PUEDES comer.
Existe el mito de que durante el parto no se puede comer porque si luego te hacen cesárea podrías tener complicaciones por la anestesia. **Este miedo proviene de prácticas antiguas, cuando la anestesia general era mucho más frecuente. Hoy, la mayoría de cesáreas no se realizan con anestesia general, y los estudios no muestran beneficios en restringir alimentos de forma sistemática en mujeres sanas. Estás haciendo el esfuerzo físico de tu vida. Necesitas energía. Algunos alimentos que te podrían funcionar son:
Energía de liberación rápida
- Dátiles
- Fruta fresca (plátano, manzana, uvas)
- Purés o compotas de fruta (muy fáciles de digerir)
Energía sostenida
- Avena
- Tostadas o crackers con aguacate
- Frutos secos
Regla de oro: evita alimentos muy pesados o grasos. No porque “no se pueda”, sino porque durante el parto las digestiones lentas pueden incomodar.
Piensa en alimentos que:
- Se puedan comer de pie, sentada, en la pelota…
- No requieran cubiertos
- Sean fáciles de masticar y de digerir
Incluye también alimentos que te resulten reconfortantes. No es solo una cuestión nutricional, durante el parto, la parte emocional tiene tanto peso como la física. Poder comer y beber reduce el estrés, genera sensación de seguridad, refuerza tu autoestima y autonomía y favorece la producción de oxitocina, tan importante para el proceso de parto.
Y también escucha a tu cuerpo, ya que cada parto es diferente. Hay mujeres que sienten hambre en las primeras horas y después dejan de tener apetito. Otras pueden tener pequeñas náuseas conforme avanza la intensidad de las contracciones y no pueden comer lo que les gustaría. No se trata de “obligarte a comer”, come cuando tengas ganas. Confía en tu cuerpo y tus sensaciones, son parte del proceso.
“En mi hospital no dejan comer y beber durante el parto”. ¿Qué hago?
Lamentablemente, algunos hospitales mantienen normas antiguas, aunque las recomendaciones actuales —incluyendo las de la OMS— sugieren permitir comer y beber a la mujer en trabajo de parto de manera libre. Si es tu caso, puedes hacer varias cosas:
- Incluirlo en tu plan de parto. De forma clara y respetuosa: “Solicito poder comer y beber según mis necesidades durante todo el trabajo de parto, salvo contraindicación médica.”
- Llevar alimentos fáciles de “pasar desapercibidos” si sabes que el lugar es estricto:
- Compotas
- Dátiles
- Yogures bebibles
- Barritas tipo energéticas
- Tener apoyo de tu acompañante o doula para defender tus preferencias. No se trata de enfrentarse al personal, sino de recordar que el protagonismo del parto lo tiene la mujer que pare.
Otra situación que se puede dar es la necesidad de una epidural, y éste no debería ser motivo automático para restringir la ingesta, aunque algunas instituciones lo siguen haciendo por protocolo. Por si acaso, puedes preguntar antes del parto si puedes seguir bebiendo y comiendo tras la epidural. Estás ejerciendo tu derecho a participar en las decisiones que afectan a tu parto.
Comer y beber durante el parto no solo es posible, sino que es beneficioso. Tu cuerpo necesita energía para acompañar el ritmo de las contracciones, para mantenerse fuerte, para llegar con vitalidad al momento más intenso: acompañar a tu bebé hacia el mundo. Permítete sentir hambre, sed, placer y calma. Porque el parto no es un procedimiento médico: es un acontecimiento humano, íntimo y profundamente corporal.


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