
La violencia obstétrica existe y, aunque es una realidad dolorosa, ha ganado visibilidad gracias a los testimonios de quienes la han vivido y a los esfuerzos de diversas organizaciones en pro de los derechos de las mujeres. Muchas mujeres la han sufrido sin siquiera saberlo, ya que este sigue siendo un tema tabú que a menudo se oculta, minimiza o desconoce. Sin embargo, sus secuelas pueden ser profundas, afectando tanto la salud física como emocional de quienes la padecen. En este artículo abordaremos la violencia obstétrica para entender un poco más qué es, por qué ocurre y qué formas de prevención tenemos para que sea una práctica que acabe siendo un recuerdo y no una realidad.
Qué es la violencia obstétrica
La violencia obstétrica se define como cualquier acción u omisión por parte del personal de salud que cause un daño físico o emocional a la mujer durante la atención del embarazo, parto o posparto. Se trata de una forma de violencia de género y que se manifiesta de diversas formas, entre ellas:
- Maltrato verbal y emocional: Comentarios despectivos, infantilización, falta de empatía, burlas o menosprecio hacia la mujer.
- Negación de la autonomía: No permitir que la mujer tome decisiones sobre su propio cuerpo, como negarse a ciertos procedimientos durante el embarazo o elegir la posición de parto.
- Abuso de medicalización: Uso innecesario de intervenciones como cesáreas sin indicación médica, episiotomías sin consentimiento o administración de medicamentos sin explicación previa.
- Ignorar el dolor de la mujer: Minimizar o desestimar el dolor que expresa la mujer, asumiendo que es una parte normal del proceso sin ofrecer alivio adecuado.
- Separación injustificada del bebé: Retirar al bebé de la madre sin razón médica, impidiendo el contacto temprano y la posibilidad de lactancia materna inmediata.
Factores que perpetúan la violencia obstétrica
Existen diversas razones por las cuales la violencia obstétrica sigue ocurriendo en distintos contextos:
- Falta de información: Muchas mujeres desconocen sus derechos en el proceso de embarazo y parto, lo que dificulta que puedan exigir un trato respetuoso.
- Normalización de la violencia: Prácticas invasivas o irrespetuosas son vistas como “normales” en muchos sistemas de salud y en gran parte de la sociedad.
- Sobrecarga del personal médico: La falta de recursos, de personal y la alta demanda de atención pueden llevar a que el personal de salud no brinde una atención adecuada a la situación.
- Prácticas obsoletas. Algunos profesionales de la salud continúan aplicando prácticas obsoletas, enfocándose solo en “sacar al bebé” sin considerar el bienestar emocional y físico de la madre y el bebé. Escuchar, observar y sostener a la mujer en este proceso es tan importante como garantizar la seguridad del bebé.
Hay ocasiones en las que una intervención es necesaria para garantizar la salud de ambos. Sin embargo, el problema radica en la forma en que estas se llevan a cabo. ¿Te explican detalladamente lo que van a hacer? ¿Te informan sobre las posibles consecuencias? ¿Sobre alternativas? ¿Te piden consentimiento antes de tocarte o realizar un procedimiento? Si la respuesta es no, estamos ante una vulneración de derechos. Y muchas veces, estas intervenciones vienen derivadas de esta violencia, ya que el miedo y el estrés en la mujer aumentan los niveles de adrenalina y reducen los de oxitocina, una hormona clave para el desarrollo natural del parto.
Consecuencias de la violencia obstétrica
Las secuelas de la violencia obstétrica pueden ser tanto físicas como psicológicas. Lo que ocurre durante el embarazo, el parto y el posparto, lo bueno y lo malo, puede dejar una huella imborrable en cada mujer. Una experiencia negativa puede derivar en trastorno de estrés postraumático, depresión posparto o dificultades en la vinculación con el bebé. Lo más preocupante es que muchas de estas secuelas pasan desapercibidas, ya que después del parto la atención suele centrarse exclusivamente en el recién nacido, dejando de lado el bienestar emocional y físico de la madre.
La información como herramienta de prevención
Una forma de poder prevenir en parte la violencia obstétrica es estar informadas. No es necesario leer cada libro disponible sobre el tema, pero sí es fundamental que tengas confianza para hacer preguntas, expresar dudas y exigir respuestas de los profesionales que te atiendan y, con todo eso, elegir lo que consideres mejor. Una forma de resolver dudas y conocer protocolos es preparar un plan de parto y comentarlo con los profesionales, en este artículo del blog tienes más información. Si algo no te convence o sientes que no estás recibiendo el trato adecuado, recuerda que tienes derecho a cambiar de profesional o de centro de salud y a pedir otras opiniones profesionales para contrastar.
Buscar apoyo después del parto
Si ya has dado a luz y te sientes triste, dolorida o desconectada de tu bebé, no dudes en buscar ayuda. Hay fisioterapeutas que pueden ayudarte con el dolor físico, psicólogas especializadas en maternidad que pueden acompañarte en tu proceso emocional, e incluso grupos de mamás con quienes compartir experiencias y desahogarte. Hablar y ser escuchada es fundamental para sanar.
La violencia obstétrica es una realidad que debe ser visibilizada y erradicada. El nacimiento de un bebé es un momento trascendental en la vida de cualquier mujer que pare y de cualquier bebé que nace, y merece ser vivido con respeto, amor y dignidad. Y no solo se trata del bebé, sino también de la madre, de su bienestar físico y emocional. Hagamos conciencia, hablemos del tema y trabajemos juntas para erradicar la violencia obstétrica. Porque cada mujer merece un parto respetado y una maternidad plena. Demos la importancia que tiene a este proceso, a bebé y a mamá.
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