Cada generación que pasa vive momentos distintos a la anterior, por lo que vamos necesitando nuevas palabras para describir nuevas situaciones en nuestra sociedad. Una de ellas en la actualidad es la palabra “mapaternidad”, creada para hablar de los nuevos roles familiares. Desaparece el concepto generalizado de “que bien que te ayude tu pareja en casa” por la corresponsabilidad, el hacer equipo, liberar cargas, acabar con prejuicios y romper con los estereotipos.
Por supuesto, cada hogar crea sus propias dinámicas y puede haber familias a las que ya les vayan bien los roles más “clásicos”, pero para quien quiera un cambio, a continuación os explicamos en qué consiste esto de la “mapaternidad”. Puntualizar que en este artículo nos referiremos a la pareja con el “rol de padre” ya que el hombre suele ser el que tiene que romper con más creencias en esta nueva situación al carecer de referentes, pero en todo momento nos referimos al rol de la pareja no gestante, sea del sexo que sea.
Un poco de contexto
Si nos fijamos en generaciones anteriores no muy lejanas, el papel de la mujer se ceñía estrictamente a la crianza y el hogar, y el papel del hombre a lo público y laboral. A medida que la mujer ha ido abriéndose paso también en este mundo “exterior”, apostando por su desarrollo educativo y profesional, se encuentra que ahora tiene dos frentes a cubrir: el doméstico que ya tenía antes y el laboral fuera de casa donde se adentra ahora.
No es casualidad que, justo en este momento, surgieran todas esas corrientes de crianza que consistían en dejar llorar a los bebés, que aprendieran a dormir solos, no cogerles porque se malcrían y la negación de afecto y comprensión en general, muy probablemente hechos para que la mujer no escuchara a su instinto y así dejara “en segundo plano” al bebé y se pudiera dedicar al hogar y lo laboral (lo socialmente mal entendido como productivo y necesario).
Los primeros años de crianza son agotadores, si la mujer ya no se dedica en exclusiva a ese papel, el cansancio que arrastra es tal que ese proyecto personal o profesional en el que ha conseguido abrirse puertas se ve afectado. Y es en ese momento en el que surge la necesidad de que la otra parte de la ecuación, la pareja, alivie esa carga. Aquí es donde entra el concepto de la mapaternidad.
El objetivo es que la pareja trabaje en equipo por el bienestar de la familia en su totalidad, en el campo económico, médico, de responsabilidades, afectivo, de cuidados, de crianza, alimentación, educación, … Que donde no llegue un miembro de la pareja, pueda llegar el otro, dando lo mejor de cada uno por este gran proyecto de vida común.
Cuándo comienza la mapaternidad
La mapaternidad debería empezar antes del nacimiento del nuevo miembro de la familia. Desde la repartición de tareas en el hogar cuando aún está únicamente la pareja, hasta las visitas médicas en el embarazo, la empatía en el proceso, el acompañamiento en el parto y, por supuesto, los despertares de esas noches en vela, las mil dudas y los mil momentos maravillosos una vez ha nacido el bebé.
Si además nos remontamos a mucho antes en el tiempo, un cambio en la educación infantil y adolescente podría aportar mucho en este nuevo modelo. Que nos enseñaran cómo es el crear vida, no desde el punto de vista académico de la fecundación, sino mucho más. El valor del embarazo, la fuerza del parto, el nacimiento de una nueva persona. De esta forma seguramente veríamos este momento vital de otra manera, con la importancia que merece.
Como socialmente este conocimiento se suele delegar únicamente en las mujeres, es muy difícil que un hombre se sienta partícipe de este momento vital, cuando realmente es algo que nos toca siempre, ya que todas las personas nacemos de una mujer. Por supuesto aquí hay algo que debemos tener en consideración, y es que el embarazo solamente se da en una de las personas en la pareja. Eso da cierta ventaja a mamá gestante, se conocen con unos 9 meses de antelación, y a la pareja le va a tocar esforzarse un poco más para crear esa conexión. Pero si ha estado implicada desde un inicio ya hay mucho ganado.
Nuevos roles en la pareja
Aunque es totalmente natural que los bebés al principio dependan más de la mamá gestante, ya sea por tener su alimento o por ser la única persona que reconoce totalmente una vez ha nacido, las parejas tienen un papel crucial en el sostén de esa díada en lo que respecta a su cuidado, logística y gestión. Aprovechar la baja de paternidad no como unas vacaciones, sino para crear vínculo, hacer todo aquello que necesita mamá para sentirse tranquila y dedicarse 100% a su nuevo cometido, es de vital importancia. Y este suele ser un papel que no han visto con anterioridad y requiere de más esfuerzo por su parte para encontrarlo.
Si nos vamos al ámbito laboral, cada vez es más habitual conocer a papás que han reservado su baja de paternidad para hacerla a solas cuando mamá vuelve al trabajo, que se reducen su jornada laboral porque quieren estar más tiempo con la familia o que piden permiso para quedarse en casa con sus peques enfermos. Y esta presencia tiene unas grandes recompensas para toda la familia, ya que la mamá se sentirá menos sobrepasada, la pareja se sentirá más realizada y el vínculo que se creará con su bebé será más fuerte.
La base en la mapaternidad
La base de esta nueva forma de crianza está en la repartición del peso familiar, no necesariamente haciendo los dos miembros las mismas tareas, si no viendo nuestras preferencias y encontrando qué tareas puede desarrollar cada uno. Tampoco está de más que ambos miembros conozcan las tareas del otro, así en caso de que uno no pueda cubrir su tarea puntualmente, el otro pueda cogerle el relevo sin problema.
Para esto, es necesario tener muchísima comunicación, horarios claros, listas de tareas definidas y adaptarse a cambios que se puedan dar en lo personal que puedan afectar a estas dinámicas ya creadas. Por supuesto, eso se consigue con una implicación en el día a día desde antes incluso del nacimiento. Compartir lo que vais aprendiendo, lo que os va removiendo y lo que vais conociendo de vuestro hijo o hija que puede ayudar al otro.
Y no únicamente hablamos del ámbito de la crianza y del hogar, la mapaternidad también se aplica en lo personal y el ocio, en establecer tiempos para cada miembro de la pareja si necesita momentos de soledad o de actividades con otras personas sin el bebé, y en establecer tiempos para la pareja, para acordarnos de por qué quisimos construir una familia y en valorar lo que estamos creando en conjunto.
Obstáculos más comunes
Por supuesto, nada es tan fácil como parece, sobre todo cuando hablamos de romper con algo que lleva generaciones en nuestro día a día, y hay ciertos obstáculos que se suelen dar en este modelo de crianza.
Es fácil que caigamos en un círculo vicioso en el que, normalmente el papá, no se ve seguro haciendo alguno de estos nuevos roles que hablamos, y mamá lo hace en su lugar rápidamente, entonces el primero la siguiente vez se verá menos capaz, y la segunda cada vez ocupará más ese espacio, y llegará un momento en el que volvemos a estar en el punto de inicio. Debemos darnos tiempo, habrá cosas que nos cuesten un poco más y otras un poco menos, pero somos capaces de aprender y mejorar constantemente.
También debemos entender que, en esta nueva forma de crianza compartida, cada miembro tiene sus métodos, y está bien, nuestros hijos e hijas también necesitan conocer diferentes maneras de hacer las cosas. Se trata de tener flexibilidad, dar espacio y validar a la otra persona.
No hablar de nuestras necesidades también puede ser un obstáculo, a veces damos por hecho que la otra persona sabe lo que necesitamos, pero si no se lo expresamos en voz alta no tiene por qué. Hablemos de aquello que nos molesta que el otro haga o de aquello que nos cuesta más hacer, seguro llegaremos a un entendimiento antes de esta forma que cuando la gota colme el vaso.
Hay también algo que cada vez tiene más visibilidad: la carga mental. Puede que, de cara al exterior, lo visible, tengáis una estupenda repartición de tareas, pero si en la mente de uno de los miembros hay mil carpetas a cerrar, seguimos teniendo esa brecha entre uno y otro. Debemos compartir esta carga también, la que no se ve: pedir cita médica, hacer el cambio de armario cuando llega el frío, llevar eso que han pedido en el colegio, pensar en el desayuno que llevarán, …
Los errores también se van a dar, porque estamos siendo madres y padres por primera vez, empaticemos con esta nueva situación que se nos presenta, sin juzgar ni criticar. Confiemos en las propias capacidades, aún equivocándonos, que es como más aprendemos.
Y por supuesto tenemos la presión exterior. En todos los cambios sociales que se dan respecto a romper con lo que se ha “hecho toda la vida” hay juicio por parte del entorno, hay dudas respecto a estar haciendo lo correcto y hay opiniones sobre lo que se debería hacer. Y en la crianza de una familia nadie debería tener la capacidad de hacerla tambalear si han escogido algo con información adecuada y decisión propia.
Lo maravilloso de la mapaternidad es que se ajusta a cada familia, a cada persona, no hay un plan exacto o una guía que seguir. Se haga como se haga, lo importante es que el engranaje encaje de tal manera que funcione para esa familia en concreto, y que perfectamente puede no funcionar en otra. Y entender también que hay cierto privilegio de clase en estos nuevo roles, ya que aún hay muchos ámbitos familiares donde es imposible romper paradigmas y hacer grandes cambios.
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